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RESEÑAS DE PRENSA VOLANDOVENGO BLOG 25/3/2013 Jorge Fernández Bustos

No hay nada sobre gustos que no esté escrito ni a nadie que le amargue un dulce. Siempre he defendido mi incondicionalidad hacia La Moneta, hasta el punto de considerarla la mejor bailaora del momento, al menos de su generación (y si me apuran…). Me he entusiasmado con su evolución, con sus logros que, como un escultor, va añadiendo a su obra para crear el modelado perfecto. Paso a paso nos invita a descubrir ese camino. Es una recopilación temprana de la canción de su baile, de la historia de su vida, pues Fuensanta nació con los tacones.
El viernes, 22 de marzo, o sea, ayer, en el Centro Cultural Medina Elvira de Atarfe, para su público y para sus nuevos descubridores, La Moneta se rodeó del cuadro de verdadero lujo, que habitualmente la acompaña, para desgranar esa media docena de espectáculos que han conformado su estado.

La primera propuesta es una farruca con sólo la guitarra de Luis Mariano que desde un primer momento muestra su inmensidad. Luis es un creador; suena a flamenco y suena a granada; es tierra y es agua: el agua que baja por el monte, el agua canora que borbota de los manantiales de Valparaíso.

De rojo aparece la bailaora granadina para afrontar este baile tradicionalmente masculino, pero que ha redondeado sus aristas para expandirse en el género. La Moneta saca su vena contemporánea, que tan bien se adapta a su apuesta. Manzanita  aborda la malagueña de Manuel Torre, Por buscar la flor que amaba, sólo esta letra, breve en su inmensidad, que la protagonista pinta tan delicada como desafiante. De nuevo la guitarra de Luis se queda sola, acompañada por el preciso cajón de Miguel ‘El Cheyenne’, arpegiando la melodía de La Estrella. Es un tácito homenaje a los tangos de Morente. También se acuerda de los temas de Sacromonte o de La aurora de Nueva York.

El primer impasse de la noche viene con la voz añeja de Miguel Lavi haciendo el romance de El Chozas, para dar paso al invitado de la noche, Javier Latorre para bailar el silencio. Latorre es el maestro estilizado y calmo que deja huella sin proponérselo. Abre su vuelo y la soleá se impone, con las voces de Lavi y de Juan Ángel Tirado. La Moneta aparece con media cola blanca y mantón a juego. Es un paso a dos, en el que los dos bailaores se alternan, se imbrican, hermoseando el aire.

Jaime Heredia ‘El Parrón’ toma el testigo. Encara una tona y un martinete. Sorprende la templanza de su voz y su control en el decir, aunque, al final de la velada, se traiciona a sí mismo forzando la máquina en demasía.

Los cuatro cantaores, con voces reconocidas, quizá pasen por ser las mejores gargantas de nuestra tierra (incluyendo a Lavi, que es de Jerez).

Un poco de percusión apoya a Juan Ángel cantando por seguiriyas. La granadina surge de negro, y se acompaña con palillos, para ser desgarradora en este baile tan suyo. La seguiriya es rica y acaba con el cambio de Curro Dulce, que repite su último verso como una coda final que rubrica la pieza.

La segunda parte, si se puede llamar así a una obra sin fisuras, comienza con todos los actuantes cantando por granaínas. El toque de Luis Mariano, habitual en esta suerte de libertad, realiza verdaderos encajes con la sonanta. Jaime Heredia y Manzana firman esta la granaína y la media, mientras Lavi y Tirado se abandolan acercándose a la rondeña y a los fandangos del Albaicín, respectivamente.

Y, para terminar, o para terminar de empezar, La Moneta expone sus jugadas actuales, que consisten en un todo continuo, solapando los distintos palos y recogiendo todo el sentimiento con un mismo ‘vestido’.

El toque moruno de la guitarra se asoma a la zambra, antes de plantear los generosos tientos y a continuación los tangos. ¿Se puede ser más graciosa, más canastera, más granadina bailando por tangos? Cada desplante, cada caída, cada paseo, cada golpe de caderas abre los apetitos más viscerales.

Este sabor sacromontano, con una introducción del de Santa Fe, a la manera del poema por bulerías de Manuel Molina, se convierte en un latido por soleá, donde descubrimos, si cabe, a La Moneta más espontánea. Soleares que pasan a ser jaleos extremeños, con los cantaores de pie, en una rueda definitiva que acaba por bulerías, hasta que todos hacen mutis por el foro, dejando a la caja y a Fuensanta, que hacen lo propio, dejando el escenario solo y puntos suspensivos en el ambiente.


IDEAL 24/3/2013 José Manuel Rojas.

“Democracia Flamenca”

Con criterio y sin prejuicios. Ha llegado un momento en que ir a ver bailara a La Moneta es como un acto de fe que cualquier creyente de esta religión que se llama flamenco debería ejercitar. Y es que más allá de doctrinas, dog mas o profecías, Fuensanta “La Moneta” se presenta como suma sacerdotisa de una escuela de baile que no entiende de epítetos ni de calificativos. Ella es moderna y contemporánea sin tener que caer en directrices textuales ni planteamientos imposibles. Se Puede bailar por farruca a una guitarra y hacer entender a un respetable inteligente un principio, nudo y desenlace. Y más teniendo a su lado a un guitarrista como Luis Mariano, capaz de quitarle la mitad de los aplausos de la noche, y de llevar a su terreno fragmentos de “La Estrella” y de la “Aurora de Nueva York”. Generosidad que sigue demostrándose al hacer un numero a dos con Javier Latorre, un señor que ha sido maestro de muchos pero que hoy por hoy es un complemento de lujo de una dama del duende. Una diosa generosa que demuestra simbiosis con sus cantaores, cuatro señores que se reparten todo el abanico policromático en cuanto a registros vocales haya en esto del quejio. De Jerez al Polígono, con paradas en Santa Fe y el Albaicín. Sin decir nombres todos son grandes y se crecen con Fuensanta, pero es que Fuensanta se crece con ellos en un ejercicio autobiográfico y simbiótico que nos lleva a ir desde los tangos genéticos hasta unas bulerías que van muchos más allá de los cánones establecidos. Y todo con un secundario de lujo como “El Cheyen” al cajón. Noventa minutos de flamenco sin trampa ni cartón. Una hora y media de democracia flamenca. Sin malos gestos, ni imposiciones. Solamente un montaje donde una aficionada quiere bailar. La suerte es que la aficionada es “La Moneta”. Posiblemente la mejor bailaora de España. Posiblemente.

  

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